domingo, 14 de septiembre de 2008

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Si no fuera porque es una de las personas que dirige este país me reiría y mucho...

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Dejémoslo en un "hasta luego"

Al igual que yo, que me "desconecté" a principio de verano para volver después de él, Lance Armstrong ha hecho lo mismo sólo que con él hay que hablar de años y no de meses como en mi caso. Pues eso, que hoy me he despertado, he abierto la edición digital del "estupendísimo" diario ¿deportivo? Marca y he encontrado algo que me ha alegrado el día, la semana, el mes y el año que viene hasta por lo menos finales de Julio: Lance Armstrong vuelve y no es de paseo. Ojalá que esto sea verdad y vaya a buen puerto y que Lance siga demostrando que ha sido, es y será un monstruo sobre la bici, al lado de ella o comprando pan. Da lo mismo.

Nunca pensé que uno de mis grandes ídolos me daría este alegrón. Ahora sólo espero que todo le vaya bien y que, si puede, le dé detrás de las orejas a toda la panda de envidiosos que empezaron a machacarlo cuando se aproximó y posteriormente rebasó a otro de mis grandes ídolos: Miguel Induráin. Porque en este país, supongo que por pura ignorancia deportiva (alentada desde la base por la sección de ¿deportes? de los diferentes telediarios de las cadenas nacionales de televisión) tenemos la fea costumbre de odiar a todo lo que desafía a nuestros cracks nacionales Nadal, Induráin, Alonso... cuando personajes como Federer, Armstrong, Schumacher... lo único que hacen es presentar una justa batalla y, en muchos casos, engrandecer el nombre de los nuestros. Ale, ya lo he dicho.

Y como no (aunque esto ya sobrepasa lo imposible), desear que haga algo parecido el gran Oliver Kahn, que el pasado 2 de septiembre recibió el merecidísimo homenaje que le brindaron los 69000 espectadores que abarrotaban el Allianz Arena de Múnich, en lo que para mi ha sido el mejor (no sé si mayor, pero si el mejor) homenaje que yo haya visto. Creo que al único que no se le pusieron los pelos de punta fue al propio homenajeado. Además, el rival del Bayern München en esta ocasión no fue uno cualquiera sino que fue la Mannschaft, la selección alemana, que nunca había jugado un partido contra otro equipo que no fuese otra selección nacional por temor a lo que en esta ocasión pasó: el último gol que recibió Oliver Kahn en su carrera, y, por lo tanto, gol de la Mannschaft, marcado por Piotr Trochowski fue silbado por los propios espectadores alemanes. Lo mejor fue que tras ser sustituído en el minuto 75, dar una vuelta al campo y llegar hasta el mismo vestuario del Bayern, la gente seguía coreando su nombre al unísono, incluso una vez reanudado el partido seguían haciéndolo... esa fue, para mi, la parte más espectacular: 15 minutos con un "Olli Olli" coreado por 69000 personas (me se ponen los pelos de punta escribiéndolo jeje). Así pues el adiós a un grande fue como tenía que ser: grande (-ísimo).

Aquí os dejo las dos perlas: el anuncio de Armstrong y los últimos momentos de Oliver Kahn sobre el césped (10 minutos pero que merece la pena ver, en serio):